jueves, 5 de febrero de 2009

Templo Parroquial Nuestra Señora de las Mercedes


Templo Parroquial “Nuestra Señora de las Mercedes” de Quilleco

El Templo parroquial de Quilleco posee un claro programa teológico, es decir, ninguno de sus elementos estéticos tiene un mero fin decorativo, sino que cada uno de ellos está al servicio de una idea coherente de la fe cristiana.

Por eso podemos decir que el edificio encierra un mensaje y basta un poco de dedicación para seguir el hilo de su secuencia lógica.

Si se parte desde el exterior, siguiendo con la Biblia en la mano las estaciones del Vía Crucis (obra en cerámica policromada de Mari Huber) se concluye con la colocación de Jesús muerto en el sepulcro. Pero la verdadera conclusión de este ejercicio devoto está dentro de la Iglesia, donde el creyente se encuentra con la representación de Jesús resucitado en la gloria del Padre, (obra en madera policromada de Luis Miranda).

El título patronal del Templo es "Nuestra Señora de las Mercedes"; y esto inspira la discreta pero definida insistencia en la persona de María como Madre de Jesús y Madre de los creyentes.

Ya el conjunto pictórico-escultórico del portal muestra a María como portadora del don de Dios que es Jesús, comunicando a su prima Isabel el gozo de su presencia. El gran protagonista del misterio de la Visitación es el Espíritu Santo (obra en madera policromada de Luis Miranda); por eso domina toda la escena desde el tímpano de la puerta central que lleva el texto del Magnificat tallado en sus hojas (obra en madera de Pablo Luengo).

Las siete ventanas amarillas en arco de medio punto, llevan en sus postigos interiores escenas marianas del Evangelio. Los tres medallones pavimentales (mosaico en piedra de Pablo Luengo y otros) distribuyen las tres últimas invocaciones de la tradicional oración mariana Salve Regina, traduciendo el original latino "clemens, dulcis, pia" por "clemente, compasiva, misericordiosa". Incluso las doce cruces de la consagración en cobre, no son mas que la composición cruciforme del símbolo mariano de la azucena.

La silueta angélica que corona el campanario enarbola en una mano la cruz florida, símbolo del misterio pascual. En la otra lleva la trompeta con el anagrama de Maña. Los Doce Apóstoles (obra en cerámica policromada de Pablo Luengo y otros) aparecen todos vueltos hacia la presencia de Jesús resucitado. Todos van vestidos de rojo, excepto Juan que va vestido de blanco, pues es el apóstol virgen.

El ángel adorante (obra en cerámica de Mad Huber) frente al Tebernáculo en bronce y policromía (único elemento conservado de la Iglesia antigua) invita a los que entran en ese sagrado lugar a rendir homenaje de adoración a la presencia sacramental del Señor en la Eucaristía que allí se reserva.

El altar (una única pieza irregular de piedra traída del sector de Cañicura) posee en el centro de las cinco cruces de consagración un engaste con piedras de la cruz montadas en plata. Ellas simbolizan las cinco llagas gloriosas que Jesús resucitado quiso conservar como trofeos de su pasión. La base cruciforme del mismo es hecha con piedras sacadas de la fundación de la antigua casa parroquial, y transportadas hasta allí en carreta' a principios del 1900. En una de sus caras se excavó el nicho, contornado por rayos de cuarzo que contiene las sagradas reliquias de Santa Teresa de los Andes, y de San Alberto Hurtado, y los beatos Laura Vicuña, Luis Orione y Carlos Steeb.

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